Muerte de capo Totò Riina abre peligrosa guerra en la mafia italiana


A pesar de sus 24 años en la cárcel bajo el denominado 41 bis -un régimen carcelario durísimo- debido a sus condenas a 26 cadenas perpetuas, el capo Salvatore Totò Riina, muerto el jueves a los 87 años, aún dominaba la Cosa Nostra. Por eso su muerte abrió una peligrosa guerra de sucesión.

Aun aislado en una cárcel de alta seguridad de Parma, todas las familias de la organización criminal siciliana le reconocían a Riina, apodado «la Bestia», carisma y autoridad. Ahora hace falta un nuevo líder.

«La mafia busca un nuevo padrino», tituló ayer en su portada el diario italiano La Stampa, que como la mayoría de los diarios del país destacó el comienzo de una nueva etapa en la historia del crimen organizado siciliano, que podría hacer correr nuevos ríos de sangre.

«La Cosa Nostra está lista para las elecciones más importantes desde las 3.37 del viernes 17 de noviembre [hora del fallecimiento de Riina], un viernes para nada negro para la mafia siciliana, que finalmente se liberó de ese «loco» de Riina, que con la guerra al Estado la llevó hacia la ruina», escribió en La Repubblica Attilio Bolzoni.

Experto en el tema del crimen organizado, Bolzoni destacó que desde el arresto del líder máximo, el 15 de enero de 1993, la cúpula nunca más se reunió. Hoy existe una mafia formada por varios «partidos».

«Si habrá guerra o paz lo sabremos en los próximos meses», escribió Bolzoni.

Como coincide la mayoría de los especialistas en mafia, el nuevo padrino no será Matteo Messina Denaro, «porque no une». El capo mafia de Trapani, considerado en los últimos años el heredero de la Cosa Nostra, es el hombre más buscado de Italia y está fugitivo desde hace 24 años.

Tampoco será ninguna familia de Corleone, el pueblo de Riina y otras familias de mafia, culpables de la debacle de los últimos años, con centenares de muertos, arrepentidos y una respuesta del Estado drástica.

Los mafiosos de Palermo querrán recuperar voz y voto. Y también los denominados «scappati», es decir, quienes, en la sangrienta guerra de mafia desencadenada en la década del 70 y del 80 por Riina, tuvieron que escaparse a Estados Unidos. Con la prohibición absoluta de regresar a Sicilia, según Bolzoni en los últimos años, muchos de ellos silenciosamente volvieron a Palermo.

«No hay dudas de que hasta anteayer fue Riina el capo, a pesar de su larga detención. Por eso su muerte puede tener consecuencias en distintos niveles: no sólo criminal, sino también de orden público», advirtió el jefe de la policía de Palermo, Renato Cortese, famoso por haber capturado en 2006 a Bernardo «Binnu» Provenzano.

«Cuando se habla de Cosa Nostra no se habla sólo de Palermo o de Corleone, incluido Trapani. Cosa Nostra tiene también otras almas en Catania, Agrigento y los intereses económicos de la zona oriental», agregó, en una entrevista con el diario Il Messaggero.

Lo cierto es que no sólo preocupa la sucesión, quién será el nuevo padrino. También inquieta qué pasará con los restos mortales del carismático y sangriento capo di tutti i capi. De hecho, se confirmó ayer que será sepultado en el cementerio comunal de Corleone, donde también se encuentran Michele Navarra, Luciano Liggio y las cenizas de Bernardo Provenzano. Es decir, lo máximo de la mafia corleonesa.

«Mi temor es que ahora su tumba pueda convertirse en meta de peregrinaje, que se cree un mito de Riina», confesó el arzobispo de Monreale, Michele Pennisi, al Corriere della Sera.

Como otros obispos, Pennisi confirmó que no habrá funeral para Riina. «Sus restos serán llevados al cementerio y el capellán, si la familia lo pide, podrá decir una oración y dar una bendición en forma estrictamente privada, de acuerdo con la autoridad civil. Los mafiosos están excomulgados y el canon 1184 del Código de Derecho Canónico, para evitar escándalo público, establece que los pecadores manifiestos y no arrepentidos deben ser privados de exequias», explicó.

«Un funeral, especialmente en Sicilia, tiene también una relevancia social. Y sería como darle a Riina el certificado de héroe», agregó.

En tanto, la viuda de Riina, Ninetta Bagarella, viajó ayer desde Corleone hasta Parma, escoltada por policías, para darle el último adiós a su marido en la morgue del hospital. Allí, se realizó una autopsia, formalidad indispensable antes del traslado del cuerpo.

No derramó lágrimas en público Ninetta cuando llegó, vestida de negro, junto a sus hijos, Salvo y Maria Concetta. «¡No tengo nada que decir, tengo hijos menores, los denuncio!», gritó a la prensa allí apostada Maria Concetta, que pidió «respeto por el dolor de una familia».

Fuente: La Nación, GDA

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.