OBSERVANDO EL PANORAMA Estado de Derecho

Por: Marco Antonio Arrunátegui Cevallos. Analista Político

Elevándonos sobre la politiquería barata (esa que, con tanto entusiasmo practican las cúpulas dirigenciales de las organizaciones políticas) hemos querido entregar a nuestros lectores, un breve análisis de lo que sucede en un tema de trascendental importancia el Estado de Derecho.

Nadie se ocupa del Estado de Derecho. Este es un concepto muy elevado para quienes creen que el ejercicio de la política es sinónimo de enfrentamiento. Concurso de diatribas. No pueden darse cuenta que la política es pedagogía, no lucha enceguecida por el poder.

A pesar que algunos politólogos opinan que todo Estado, por ser tal, es de Derecho porque está organizado de acuerdo a una Constitución, creemos que eso no basta. Venezuela y Cuba tienen sus propias Cartas Magnas, sin embargo, nadie puede afirmar hoy más que nunca que en estos países impera el Estado de Derecho.

Dado que este concepto está conformado por dos componentes: Estado (como forma de organización política) y Derecho (como conjunto de normas que rigen el funcionamiento de una sociedad), el Estado de Derecho existe en aquel país en que el poder del Estado se encuentra limitado por el Derecho.

Primer mandatario
Opuesto al Estado absolutista, el Estado de Derecho supone que el poder surge del pueblo, pues es el único dueño de él, y le otorga parte del mismo al gobernante, quien se convierte en su primer mandatario.
Con el desarrollo del Estado de Derecho, apareció la división de poderes que le es característica. No todas las democracias se pueden preciar de vivir bajo su manto. Pero no se concibe el ejercicio pleno de las libertades del pueblo, sin un verdadero Estado de Derecho.
¿Cuáles son las características del Estado de Derecho? La ciencia política recoge diversas opiniones, pero ninguna deja de reconocer los importantes aportes de Immanuel Kant. Para fines pedagógicos las resumiremos en los siguientes conceptos.

PRIMERO

La ley como mandato fundamental. Es decir, la ley debe cumplirse rigurosamente y todos los ciudadanos deben ser iguales ante ella. Un cuerpo legislativo autónomo debe concebirlas y promulgarlas, cumpliendo el requisito básico que no deban favorecer a un grupo determinado y que deban cumplirse. Lamentablemente en nuestro país, la corrupción generalizada ha hecho que muchos ciudadanos estén fuera del alcance de ella.

Miles de leyes promulgadas por el Congreso, están archivadas en desuso. Durante años se ha legislado en forma deficiente, pues la mayoría de Congresistas no tiene la más mínima preparación para legislar, menos para fiscalizar. Por presión pública, muchas leyes se han tenido que derogar poniendo en duda la seriedad y el estudio profundo que debe proceder a la dación de las mismas.

SEGUNDO

Efectiva separación de poderes. Probablemente sean Montesquieu, Locke y Rousseau quienes más contribuyeron a la teoría de la separación de poderes. Esta separación es garante del Estado de Derecho, cuya esencia es el “Imperio de la Ley” y suele ser sinónimo de sistemas o regímenes políticos basados en comportamientos democráticos. Se efectiviza a través de los “ckecks and balances”, es decir en su autonomía y control mutuo.

Es el principio del constitucionalismo contemporáneo, supone una garantía para el propio Estado y para el ciudadano, quien resulta protegido por un marco legal que dificulta los abusos del poder y posibles actuaciones arbitrarias de instituciones públicas.

Evitar la fiscalización
Lamentablemente en nuestro país se ha hecho costumbre que el Poder Legislativo sea un apéndice del Poder Ejecutivo. El gobernante elegido, bajo el pretexto de la Gobernabilidad (concepto totalmente equivocado) se afana en conseguir a cualquier precio una mayoría en el Congreso, cuya única intención verdadera, es evitar la fiscalización.

En nuestro país la separación de poderes (o “división” como la definiera Montesquieu) es una ficción. Todo por tener un débil Estado de Derecho, en el que la separación de poderes, es un término que muchos han escuchado vagamente.

TERCERO

Legitimidad del poder. Dado que el único que legitima el poder es el pueblo, según G. Burdeau (“Tratado de Ciencia Política”) una voluntad popular, soberana y omnipotente se impone al Estado. Mc Keon añade al respecto: “el poder solo es legítimo cuando procede del pueblo y se basa en su consentimiento”.

Conflictos sociales
Hay más de doscientos conflictos sociales medio ambientales por resolver. Y ello no será posible, sin niveles mínimos de legitimidad. Este es el verdadero problema. El que se ha agravado con la actitud ineficaz y politiquera de los parlamentarios del interior del país, que entienden la representación parlamentaria con el uso descarado de pasajes y viáticos para promocionar chocolatadas en navidad. O asistir a mítines proselitistas como los fujimoristas denunciados. Esta es nuestra tragedia, no el “Fenómeno de El Niño”, ni los huaicos de Chosica.

Mecanismos de control
Aunque algunos científicos sociales no lo mencionan como otra característica del Estado de Derecho, vamos a adherirnos a los que sí lo hacen. Nos referimos a los mecanismos de control de la administración pública. Estos evitan que los recursos del Estado sean mal empleados. Lastimosamente en nuestro país estos no funcionan.

Vivimos lo que los políticos llaman un Estado formal de Derecho. Estamos organizados de acuerdo a una Constitución, pero no impera la ley. Sus características sustanciales no se dan, particularmente la separación de poderes.

Estado de Derecho Sustancial
Necesitamos iniciar (después de más ciento ochenta y siete años de vida republicana) la construcción de un Estado de Derecho Sustancial, es decir la acepción fuerte en que cualquier poder sea limitado por la ley, esa ley que no admite que nadie se
inmiscuya en tareas de Gobierno. Esto solo corresponde a regímenes autoritarios.

Lamentablemente, sobre estos conceptos de Estado nadie se ocupa. Estamos atrapados en el folclorismo político, aquel que se debate en la portada de diarios sensacionalistas y en el que los actores son solo representantes de sí mismos jugando a ser representantes de Partidos Políticos fantasmales.

Esta ligereza de nuestra clase política solo los impele a luchar por el poder por el poder mismo. La idea de ir construyendo una República inconclusa (como dijera el lúcido constitucionalista Raúl Chanamé Orbe) les es totalmente ajena. No tenemos ciudadanos (solo electores), carecemos de instituciones sólidas, solo organizaciones formales sin trascendencia; finalmente, con un Estado de Derecho en ciernes.

Proyecto País
Alejado de fundamentos y vericuetos jurídicos, hemos querido hacer Política en Serio, partiendo del principio que ella debe ser pedagogía. Alentamos la esperanza que en un momento de calma (cuando la crispación ceda el paso a la serenidad) los más lúcidos políticos (que los hay) reflexionen sobre la Gobernabilidad y el Estado de Derecho. Debemos llegar al Bicentenario como un Proyecto País, y no con un Proyecto Bolsillo. Reconstruyamos la nueva casa, como una feliz realidad. Esa es mi opinión.

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