El debate presidencial realizado el domingo 31 de mayo constituyó uno de los momentos más importantes de la actual campaña electoral peruana. A pocos días de la segunda vuelta, millones de ciudadanos tuvieron la oportunidad de escuchar, contrastar y evaluar las propuestas de los dos candidatos que disputan la Presidencia de la República: Keiko Fujimori y Roberto Sánchez.
Más allá de quién obtuvo mejores frases o mayores aplausos, el verdadero valor de un debate democrático radica en permitir que la ciudadanía conozca las visiones de país que se encuentran en competencia. En esta ocasión, el intercambio giró en torno a cuatro grandes ejes: seguridad ciudadana, fortalecimiento democrático, educación y salud, y economía con reducción de la pobreza.
Dos enfoques distintos de país
Durante el debate quedó evidenciado que ambos candidatos representan caminos diferentes para enfrentar los desafíos nacionales.
Por un lado, Keiko Fujimori centró gran parte de su exposición en la necesidad de recuperar el orden y fortalecer la seguridad. Su discurso enfatizó la autoridad del Estado como respuesta a la crisis que vive el país.
Por otro lado, Roberto Sánchez apostó por una narrativa orientada a las reformas estructurales, la recuperación de la confianza ciudadana en las instituciones y la necesidad de impulsar un modelo de desarrollo con mayor inclusión social y productiva. Según diversos reportes periodísticos, se mostró más espontáneo y menos dependiente de textos preparados, lo que le permitió conectar con mayor naturalidad con parte de la audiencia.
La importancia de las propuestas
Uno de los aspectos más destacables de la participación de Roberto Sánchez fue su insistencia en abordar las causas profundas de los problemas nacionales. Frente a la inseguridad ciudadana, planteó la necesidad de fortalecer las instituciones encargadas de garantizar el orden público y combatir la corrupción interna. Asimismo, enfatizó la importancia de generar empleo y promover la industrialización como herramientas para reducir la pobreza y la exclusión social.
En un país donde con frecuencia el debate político se limita a medidas inmediatas o respuestas coyunturales, resulta relevante que se haya planteado una discusión sobre transformaciones de largo plazo. Los problemas estructurales requieren soluciones estructurales, y ese fue uno de los mensajes que Roberto Sánchez buscó transmitir.
Los riesgos de la polarización
Sin embargo, el debate también dejó en evidencia una realidad preocupante: la persistente polarización que atraviesa la política peruana. Las referencias al pasado, los cuestionamientos personales y las acusaciones cruzadas ocuparon espacios que pudieron haberse destinado a una discusión más profunda sobre políticas públicas.
La democracia se fortalece cuando los ciudadanos pueden comparar propuestas concretas y no únicamente confrontaciones personales. El Perú necesita elevar la calidad del debate político para enfrentar desafíos complejos como la inseguridad, la informalidad económica, la crisis educativa y la desconfianza institucional.
Un mensaje para los ciudadanos
Desde una perspectiva democrática, el desempeño de Roberto Sánchez puede interpretarse como el esfuerzo de una candidatura por proyectar serenidad, apertura al diálogo y una visión de cambio sustentada en reformas institucionales. Su participación mostró a un candidato que buscó responder a las críticas, defender sus propuestas y presentar una alternativa frente a los sectores tradicionales del poder político.
Naturalmente, corresponde a cada ciudadano evaluar si esas propuestas son viables y suficientes para enfrentar los retos nacionales. La democracia exige precisamente eso: reflexión crítica, información y voto responsable.
Mirando hacia adelante
El debate presidencial del 31 de mayo no debe entenderse únicamente como una competencia entre dos personas, sino como una oportunidad para reflexionar sobre el país que queremos construir.
El próximo gobierno deberá enfrentar enormes desafíos: recuperar la seguridad ciudadana, fortalecer las instituciones democráticas, generar empleo digno, mejorar la calidad de los servicios públicos y restablecer la confianza entre el Estado y la ciudadanía.
En ese contexto, el mensaje de reformas, inclusión productiva y fortalecimiento democrático planteado por Roberto Sánchez merece ser analizado con atención por el electorado. Más allá de simpatías o diferencias ideológicas, el Perú necesita gobernantes capaces de convocar consensos, promover el diálogo y construir soluciones sostenibles para las próximas generaciones.
La decisión final corresponde a los ciudadanos. Pero el futuro del país exige que dicha decisión sea tomada con información, responsabilidad y visión de largo plazo.
Marco Antonio Arrunategui Cevallos
Presidente Director General
Revista Justo Medio





