Un ataque masivo ruso contra Kiev dejó cuatro fallecidos y al menos 24 heridos, según informó el presidente Volodímir Zelenski. La ofensiva, ejecutada con cientos de drones y misiles, golpeó múltiples distritos de la capital ucraniana y volvió a poner en evidencia la vulnerabilidad de la infraestructura civil.
Las autoridades señalaron que Rusia lanzó alrededor de 430 drones y 18 misiles, en un operativo que Zelenski calificó como un acto “deliberadamente calculado” para causar el máximo daño a la población y a instalaciones clave. Por su parte, Moscú afirmó haber derribado más de 200 drones ucranianos en su territorio, en medio de una escalada de ataques cruzados que se intensifica desde inicios de año.
En Kiev, los bombardeos dañaron edificios residenciales en casi todos los distritos, según reportó Timur Tkatchenko, jefe de la administración militar de la ciudad. La policía confirmó la muerte de una anciana, así como heridos entre los que figuran una mujer embarazada y un niño de diez años. Las fuerzas de defensa activaron sus sistemas antimisiles, mientras vecinos reportaron incendios, cortes de agua, electricidad y daños en las redes de calefacción, especialmente en el distrito de Desnianski.
El conflicto también se extendió al territorio ruso. Autoridades regionales informaron que un ataque ucraniano provocó un incendio ya controlado en la refinería de Sheskharis, una de las más grandes del país, ubicada en Novorosíisk. Además, tres tripulantes de un buque civil resultaron heridos.
Este nuevo intercambio de ataques ocurre en un contexto donde las fuerzas rusas buscan avanzar sobre Donetsk y Lugansk, mientras Ucrania intensifica operaciones contra infraestructuras estratégicas rusas y objetivos más allá del frente de batalla.
En un escenario que sigue escalando, estos hechos subrayan la necesidad urgente de reforzar la seguridad civil, garantizar asistencia humanitaria y buscar mecanismos diplomáticos que eviten un deterioro aún mayor de la crisis.





