El Gobierno de China expresó su oposición firme a que países con los que mantiene relaciones diplomáticas suscriban acuerdos con Taiwán que tengan implicaciones soberanas u oficiales, luego del acuerdo comercial anunciado entre Estados Unidos y las autoridades taiwanesas.
La postura fue expuesta por Guo Jiakun, portavoz del Ministerio de Exteriores chino, quien reiteró que Pekín se opone de forma constante a este tipo de entendimientos. Además, exigió a Washington cumplir el principio de “una sola China” y respetar los tres comunicados conjuntos firmados en 1972, 1979 y 1982, que establecen el marco de las relaciones bilaterales entre ambos países.
La reacción se produjo tras consultas sobre el pacto que prevé reducción de aranceles a ciertos productos taiwaneses y compromisos de inversión en territorio estadounidense. Pekín evitó pronunciarse sobre los aspectos económicos, industriales o tecnológicos del acuerdo y concentró su respuesta en el plano político y diplomático.
Para las autoridades chinas, Taiwán es una “parte inalienable” de su territorio y no descartan el uso de la fuerza para ejercer control, una meta de largo plazo asociada al liderazgo de Xi Jinping desde 2012. En contraste, el Gobierno taiwanés, encabezado desde 2016 por el Partido Democrático Progresista, sostiene que la isla ya funciona de facto como un país independiente y que su futuro debe ser decidido por sus 23 millones de habitantes.
El episodio vuelve a evidenciar la sensibilidad geopolítica del estrecho de Taiwán y cómo los acuerdos comerciales pueden escalar a tensiones diplomáticas, con impacto potencial en la estabilidad regional y en las relaciones entre grandes potencias.





