El sector inmobiliario y de la construcción se consolida como uno de los pilares más importantes de la economía peruana, no solo por su capacidad de generar obras visibles, sino por su efecto multiplicador en empleo, formalización laboral y desarrollo regional.
De acuerdo con Jorge Pinzón, gerente de soporte y gestión de riesgos en Urbana Perú, esta industria dinamiza múltiples actividades vinculadas al acero, cemento, transporte, electricidad, carpintería y servicios técnicos. Cada proyecto, explica, activa una cadena de valor que involucra a miles de trabajadores y empresas, constituyéndose en un verdadero motor de la economía nacional.
Las cifras lo confirman. Según el Banco Central de Reserva del Perú (BCRP), el empleo formal en la construcción creció 7,2 % en abril de 2025 respecto al mismo mes del año anterior. Asimismo, el Instituto Nacional de Estadística e Informática (INEI) reportó un incremento de más del 21 % en los ingresos promedio entre marzo y mayo de este año, reflejando la recuperación y consolidación del rubro.
Pinzón destaca que este avance no solo significa más puestos de trabajo, sino también un salto hacia la formalización en un país donde la informalidad laboral supera el 70 %. “Cada obrero que pasa a un proyecto formal gana estabilidad, acceso a salud, pensión y crédito. Eso fortalece tanto a las familias como a las empresas”, subraya.
El impacto es transversal: detrás de cada edificio o complejo habitacional hay empleos en arquitectura, ingeniería, control de calidad, logística y transporte. A su vez, los servicios indirectos multiplican los beneficios, impulsando la economía local y regional.
Pese a que las altas tasas de interés y la restricción del crédito hipotecario han ralentizado nuevos lanzamientos, el sector muestra señales de adaptación: prioriza proyectos sostenibles, enfocados en el largo plazo y en mejorar la calidad del empleo. Para 2026, se prevé una recuperación sólida si las condiciones macroeconómicas se estabilizan.
El crecimiento en las regiones también avanza, aunque con desafíos pendientes: infraestructura deficiente, baja formalización y escasa planificación urbana. “El potencial es enorme, pero necesitamos un entorno más formal y una gestión urbana eficiente”, añade Pinzón.
Con su capacidad para movilizar inversiones, generar empleo y fortalecer la formalidad, el sector inmobiliario y de la construcción se mantiene como un pilar estratégico para el desarrollo económico y social del Perú.





