El periodista Herbert Mujica, desde una pluma frontal y sin concesiones, denuncia con firmeza que el escándalo político no es un hecho aislado, sino la evidencia de una profunda crisis moral y estructural que ha golpeado al proceso electoral y, en particular, al APRA, partido histórico que según su análisis ha sido arrastrado por errores internos, oportunismos y desviaciones de sus principios fundacionales.
Una fuerte crítica al escenario político actual y al legado de agrupaciones tradicionales marca su reciente columna titulada “Escándalo no blinda miseria electoral”, donde se cuestiona el impacto de los escándalos en la credibilidad electoral y la falta de autocrítica en la dirigencia partidaria. El análisis advierte que los problemas estructurales no solo persisten, sino que se profundizan en un contexto de crisis institucional.
El texto señala que, tras los hechos ocurridos en el proceso electoral, se evidencian irregularidades, errores logísticos y decisiones políticas cuestionables, que han debilitado la confianza ciudadana. En particular, se hace referencia al papel del APRA, indicando que la organización no logró capitalizar el escenario político ni recuperar su base electoral, quedando al margen de la representación parlamentaria.
Asimismo, se critica la falta de liderazgo y renovación dentro de los partidos tradicionales, señalando que el desorden interno, las pugnas y la ausencia de propuestas claras han contribuido al deterioro de su imagen pública. También se advierte sobre la normalización de prácticas políticas que afectan la institucionalidad, lo que podría tener consecuencias a largo plazo en la gobernabilidad del país.
El análisis también pone énfasis en el desencanto ciudadano, reflejado en el aumento de voces críticas y la pérdida de confianza en el sistema político. Se cuestiona si los actuales actores políticos están realmente preparados para responder a las demandas del país o si continuarán reproduciendo los mismos errores del pasado.
En este contexto, el llamado es a una revisión profunda del sistema político, donde la transparencia, la responsabilidad y la renovación sean ejes centrales para recuperar la legitimidad democrática. De lo contrario, el riesgo es consolidar un escenario de mayor fragmentación y debilidad institucional.





