Irán y Estados Unidos coincidieron en señalar que hubo avances tras la segunda ronda de negociaciones nucleares celebrada en Ginebra, aunque difieren en la magnitud del progreso y mantienen posiciones firmes sobre sus respectivas líneas rojas. El diálogo diplomático se desarrolla en paralelo a un escenario de crecientes tensiones militares en Oriente Medio.
El ministro de Exteriores iraní, Abás Araqchí, afirmó que ambas partes alcanzaron un consenso sobre “principios generales” que servirán de base para redactar un eventual acuerdo. No obstante, advirtió que la etapa más compleja vendrá con la elaboración del texto definitivo. Del lado estadounidense, el vicepresidente JD Vance reconoció que la negociación “en cierto modo fue bien”, pero subrayó que Teherán aún no acepta las condiciones marcadas por el presidente Donald Trump.
Entre los puntos centrales del desacuerdo figuran la exigencia de Washington de limitar no solo el programa nuclear iraní, sino también el alcance de sus misiles balísticos y su respaldo a grupos regionales como Hizbulá. Teherán, por su parte, ha reiterado que solo está dispuesto a discutir restricciones en materia nuclear, rechazando cualquier negociación sobre su capacidad defensiva. El líder supremo, Ali Jameneí, defendió la necesidad de mantener armamento disuasorio, especialmente misiles, como parte de su estrategia de seguridad nacional.
Las conversaciones cuentan con la mediación de Omán, cuyo canciller, Badr bin Hamad al Busaidi, calificó los avances como “positivos”, aunque sin el optimismo expresado por la delegación iraní. Analistas internacionales consideran que, dadas las bajas expectativas iniciales, cualquier entendimiento preliminar representa un paso relevante, aunque todavía no se han abordado detalles técnicos clave.
Mientras los diplomáticos dialogan, el pulso militar continúa. Estados Unidos ha desplegado el portaaviones USS Abraham Lincoln en la región y anunció el envío del USS Gerald R. Ford, en una señal de presión estratégica. Irán, por su parte, realizó ejercicios navales en el estrecho de Ormuz y anunció maniobras conjuntas con Rusia en el mar de Omán, reforzando su postura de desafío tras los recientes enfrentamientos indirectos con Israel.
El proceso negociador se desarrolla en un equilibrio frágil: avances diplomáticos en la mesa, pero advertencias cruzadas en el terreno militar. La evolución de este diálogo será determinante no solo para la estabilidad regional, sino también para la seguridad energética y geopolítica global, en un contexto donde cualquier ruptura podría tener repercusiones internacionales de gran alcance.





