La empresa eléctrica Tokyo Electric Power Company (TEPCO) reactivó el reactor número 6 de la central nuclear de Kashiwazaki-Kariwa, la más grande del mundo por capacidad, marcando un hito en la política energética japonesa 15 años después del cierre de la planta tras el desastre de Fukushima en 2011. La información fue confirmada por la agencia Kyodo News.
El encendido se produjo con un día de retraso, luego de que se detectara una falla en una alarma de seguridad durante una prueba previa para retirar las barras de control del reactor. Pese a ello, el reinicio se concretó tras recibir la autorización de las autoridades, convirtiéndose en el primer reactor operado por TEPCO que vuelve a funcionar desde la crisis nuclear provocada por el terremoto y tsunami de 2011.
La asamblea de la prefectura de Niigata, donde se ubica la planta, aprobó en diciembre pasado la reactivación del reactor 6, luego de que el regulador nuclear nacional autorizara el reinicio de dos de los siete reactores del complejo. Aunque los reactores 6 y 7 superaron las revisiones técnicas en 2017, la central permaneció inoperativa durante años por deficiencias en las medidas de seguridad antiterrorista, que recién obtuvieron luz verde en diciembre de 2023.
Con una capacidad superior a los 8,000 megavatios (MW), Kashiwazaki-Kariwa es considerada clave para el suministro energético japonés y se alinea con la estrategia del Ejecutivo de Sanae Takaichi, orientada a reactivar la energía nuclear como parte de los esfuerzos para reducir emisiones contaminantes y garantizar estabilidad energética.
La reactivación se produce, sin embargo, en un contexto de debate y preocupación por la seguridad nuclear. Recientemente, la Autoridad de Regulación Nuclear (NRA) suspendió la revisión para reactivar la planta de Hamaoka, operada por Chubu Electric Power, ante sospechas de datos erróneos sobre su resistencia a terremotos. Dicha central es considerada una de las más riesgosas del mundo, al ubicarse en la convergencia de cuatro placas tectónicas.
El reinicio de Kashiwazaki-Kariwa refleja el delicado equilibrio entre seguridad, energía y medio ambiente que enfrenta Japón, un país que busca fortalecer su matriz energética sin olvidar las lecciones dejadas por Fukushima.





