Aunque la pobreza monetaria en el Perú se mide tradicionalmente por los ingresos y afectó al 27.6% de la población en 2024, existe otra realidad menos visible pero más profunda: la pobreza multidimensional, que impacta al 32% de peruanos, es decir, uno de cada tres ciudadanos, según un índice elaborado por la Universidad de Lima. Esta medición considera el acceso simultáneo a servicios básicos y derechos fundamentales, más allá del dinero disponible.
A diferencia del enfoque monetario, la pobreza multidimensional evalúa carencias en salud, educación, vivienda, empleo, tecnología y agua y saneamiento. De acuerdo con el estudio, 10.8 millones de peruanos viven bajo esta condición. De ellos, 6.2 millones no son pobres por ingresos pero sufren privaciones severas en servicios esenciales, mientras que 4.6 millones sí son pobres monetarios pero cuentan con ciertos servicios básicos.
La brecha es especialmente crítica en el ámbito rural, donde la pobreza multidimensional alcanza al 69.3% de la población, frente al 23% en zonas urbanas. Esta disparidad refleja que, en amplias regiones del país, el acceso a servicios pesa más que el nivel de ingresos. “En la sierra y la selva, las carencias en vivienda, agua segura, saneamiento o conectividad no son captadas adecuadamente por la medición monetaria”, explicó Guillermo Boitano Castro, director de la Carrera de Economía de la Universidad de Lima.
Los datos del Observatorio Económico, Financiero y Social de dicha casa de estudios revelan que las mayores privaciones se concentran en salud, educación y vivienda. En salud, el 79% de peruanos presenta problemas crónicos y el 62% enfrenta dificultades de acceso a atención. En educación, un 39% registra retraso educativo, mientras que el 38% vive en viviendas en malas condiciones. A ello se suma la brecha digital, con un 47% de personas sin acceso a internet, y deficiencias en saneamiento, donde el 14% carece de agua adecuada y el 19% tiene mal servicio de desagüe.
El análisis regional evidencia profundas desigualdades. Loreto (62.3%) y Puno (62.2%) presentan los niveles más altos de pobreza multidimensional. En Cusco, esta alcanza el 49.1%, casi triplicando la pobreza monetaria (18.5%), lo que demuestra que el crecimiento de ingresos no siempre se traduce en mejores condiciones de vida. En contraste, en la costa urbana la vulnerabilidad está más asociada al costo de vida y la informalidad: en Lima Metropolitana, el 21% es pobre solo por ingresos, mientras que en el Callao la pobreza monetaria (33.9%) duplica ampliamente a la multidimensional (11.5%).
Este panorama pone en evidencia la urgencia de políticas públicas integrales que no solo impulsen el crecimiento económico, sino que aseguren servicios básicos de calidad, especialmente en zonas rurales y regiones históricamente postergadas.





