Los vecinos de varios distritos de Lima y de todo el país ya no saben qué hacer para lidiar con el vía crucis que padecen día a día, al tener que convivir con la inseguridad, la venta y consumo de drogas, el sicariato, el cobro de cupos, y todos los problemas que llegan hasta sus barrios, de la mano de la prostitución callejera.

Lince es uno de los distritos con mayor incidencia de prostitución callejera. Todas las noches, decenas de jovencitas, y hasta adolescentes, que sin importar el frío de la temporada visten ropa muy ligera, salen a sus calles, a ofrecer favores sexuales a cambio de algunos billetes.

Algún candidato, en esta época de convulsión electoral, ha propuesto sancionar no solo la oferta sino también la demanda. Aplicar multas o sanciones penales a quienes buscan y pagan por los placeres de la compañía intima de estas casi niñas de la noche.

Como si esta medida solucionaría en alguna manera el gran problema de los miles de vecinos que llegan a sus casas con sus hijos, en medio de una niebla con olor a nicotina, que cubre la identidad de delincuentes proxenetas que agazapados en inseguras esquinas, entre humo, luces y sonidos de motores, esperan por el dinero que les cobran a estas jovencitas por dejarlas caminar por las calles con sus diminutos vestidos.

Esos mismos delincuentes proxenetas que hace unos meses le quitaron la vida a una joven en San Juan de Miraflores disparándole a quema ropa por negarse a pagar el cupo correspondiente.