El presidente ruso Vladímir Putin supervisó desde el Kremlin unas amplias maniobras de las fuerzas nucleares rusas por tierra, mar y aire, en un contexto de creciente tensión con Estados Unidos tras el aplazamiento de la cumbre con Donald Trump prevista en Budapest.
Durante el ejercicio, que Putin calificó como “rutinario”, participaron el ministro de Defensa Andréi Beloúsov y el jefe del Estado Mayor Valeri Guerásimov. Las operaciones incluyeron el lanzamiento de un misil balístico intercontinental Yars, con un alcance de hasta 12 000 kilómetros, desde el cosmódromo de Plesetsk hacia el polígono de Kura en Kamchatka, a más de 6 000 km de distancia. También intervinieron el submarino nuclear Briansk, que disparó un misil Sineva desde el mar de Barents, y bombarderos estratégicos Tu-95C, que lanzaron misiles de crucero. Según el Kremlin, “todos los objetivos fueron cumplidos con éxito”.
Estas maniobras llegan poco después de que Putin suspendiera la aplicación del tratado START III, último acuerdo de desarme nuclear vigente con Estados Unidos. Aunque el mandatario ruso ha propuesto prolongar su vigencia por un año, aún no se han iniciado negociaciones formales. La cumbre bilateral fue pospuesta tras el rechazo de Moscú a un cese de combates sugerido por la Casa Blanca, lo que refleja el delicado momento de las relaciones ruso-estadounidenses.
El despliegue militar ruso no solo refuerza la imagen de poder y disuasión nuclear de Moscú, sino que también envía un mensaje político claro: Rusia busca mantener su protagonismo estratégico global mientras redefine sus vínculos con Occidente.





