SORDERA OFICIAL: DEL DIAGNÓSTICO A UNA ESTRATEGIA PARA GOBERNAR

Por Marco Antonio Arrunátegui Cevallos

El artículo “Sordera oficial”, de César Campos R. del 20 de Septiembre en el diario Expresó, plantea una reflexión necesaria sobre el deterioro de la aprobación del Gobierno y, especialmente, sobre las señales de desarticulación que pueden afectar la conducción del Ejecutivo.

El autor identifica problemas que merecen atención: la inseguridad ciudadana, algunas actuaciones cuestionables dentro del gabinete, la falta de coordinación y una percepción creciente de distancia entre el Gobierno y las demandas de la ciudadanía. ( Diario Expreso )

Los recientes sondeos confirman que existe una variación significativa en la percepción ciudadana. Ipsos registró en septiembre 42% de aprobación y 48% de desaprobación de la gestión presidencial, frente a 57% y 25%, respectivamente, en agosto. Datum, por su parte, reportó también 42% de aprobación y 44% de desaprobación. Son señales que un Gobierno responsable debe escuchar y analizar con serenidad. ( Ipsos )

Sin embargo, considero que el debate debe dar un paso adicional. Un Gobierno no puede limitarse a reaccionar frente a las encuestas ni a corregir errores de comunicación: necesita un plan de gobierno claro, una estrategia de ejecución y prioridades perfectamente definidas.

Gobernar significa establecer objetivos, determinar prioridades, asignar responsabilidades, disponer de equipos técnicamente competentes y evaluar permanentemente los resultados. Y todo ello requiere una conducción política capaz de comunicar al país qué se quiere hacer, cómo se hará y en qué plazo podrán apreciarse los resultados.

La inseguridad, por ejemplo, no se resuelve únicamente con declaraciones más firmes.
Requiere una estrategia integral que articule al Ejecutivo, la Policía, el Ministerio Público, el Poder Judicial, el sistema penitenciario, los gobiernos regionales y locales, además de mecanismos eficaces de inteligencia y prevención.

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Del mismo modo, la recuperación de la confianza económica exige previsibilidad, promoción de la inversión, apoyo a las MYPE, generación de empleo y una administración pública orientada a resultados.

En ese sentido, la crítica al Gobierno debe convertirse también en una oportunidad para exigirle una hoja de ruta.
El país necesita saber cuáles son sus cinco o seis grandes prioridades nacionales, cuáles serán las primeras medidas, quiénes serán los responsables de ejecutarlas y cómo se medirán sus resultados.

También sería conveniente que el debate político evite quedar atrapado en la lógica de “lo advertimos” o “nosotros teníamos razón”.
Una democracia madura necesita menos triunfalismo partidario y más capacidad para reconocer problemas, corregir rumbos y construir soluciones.

La caída de la aprobación presidencial, cualquiera sea su explicación, debe ser entendida como una señal política que merece atención, pero no como un objetivo en sí mismo.
La finalidad de gobernar no es obtener una buena encuesta: es producir resultados concretos para los ciudadanos.

Por ello, coincido con la preocupación central de César Campos sobre la necesidad de que el Gobierno escuche.
Pero agregaría algo fundamental: no basta con escuchar; hay que planificar, priorizar, ejecutar, comunicar y evaluar.

El Perú necesita un Gobierno que tenga rumbo, estrategia y capacidad de ejecución.
Un Gobierno que transforme las expectativas electorales en políticas públicas y que convierta sus compromisos en resultados verificables.

La mejor respuesta a la llamada “sordera oficial” nebería ser solamente cambiar el discurso.
Debe ser abrir los oídos, ordenar la casa y presentar al país un verdadero plan estratégico para gobernar.

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