Estados Unidos, bajo la administración de Donald Trump, ha activado una nueva batería de aranceles «recíprocos» que afectan a más de 40 países, marcando un nuevo capítulo en la guerra comercial internacional. La medida busca reducir el déficit comercial estadounidense con sus socios, pero ya genera tensiones económicas y políticas a nivel global.
Desde la medianoche del jueves, entraron en vigor las nuevas tarifas aduaneras tanto para los países con los que Washington alcanzó acuerdos (como Reino Unido, China, Vietnam, Unión Europea) como para aquellos con los que no logró pactos (India, Suiza, Sudáfrica, Venezuela, entre otros). Mientras algunos lograron rebajas arancelarias —como la UE, que pasó del 30 % al 15 %— otros fueron severamente castigados: Brasil recibió un arancel del 50 % por su trato «injusto» hacia el expresidente Jair Bolsonaro, e India enfrentará un recargo adicional por comprar petróleo ruso.
El nuevo esquema, firmado por Trump el 31 de julio, establece una tasa mínima del 15 % para países con los que EE.UU. mantiene una balanza comercial negativa (como Costa Rica, Ecuador, Bolivia), y una tarifa del 10 % para aquellos con saldo positivo (Chile, Colombia, Argentina). Solo México y Canadá consiguieron extensiones especiales para negociar.
En el caso de China, ambas potencias pactaron una reducción mutua de aranceles (EE.UU. del 145 % al 30 %, China del 125 % al 10 %) y liberaron el intercambio de bienes estratégicos como tierras raras y semiconductores, aunque siguen negociando un acuerdo definitivo antes del 12 de agosto.
Este movimiento de la Casa Blanca es parte de una estrategia agresiva para reformular la posición comercial de EE.UU. en el mundo, pero también puede traer reacciones adversas en los mercados internacionales, en las cadenas de suministro y en las relaciones diplomáticas. Las medidas reflejan un retorno a la política de «América Primero», con un enfoque duro que puede alterar el equilibrio económico global.





