Washington aumenta la presión militar en la región: ¿estrategia antidrogas o disputa geopolítica?

Estados Unidos, bajo la administración de Donald Trump, ha intensificado su presencia militar en América Latina y el Caribe, combinando ataques a supuestas narcolanchas, entrenamientos en selvas estratégicas y un posible retorno de bases militares en Ecuador. Aunque Washington asegura que todo responde a la lucha contra el narcotráfico, analistas advierten que también se busca contener la influencia de China y presionar a Venezuela.

En los últimos meses, EE. UU. ha ejecutado más de 70 ataques contra embarcaciones señaladas como narcolanchas, pese a ofrecer pocas pruebas de sus acusaciones. El más reciente, enmarcado en la operación “Lanza del Sur”, dejó cuatro muertos y reavivó críticas sobre la legalidad de estas acciones, que el alto comisionado de la ONU ha calificado como posibles “ejecuciones extrajudiciales”. Paralelamente, Washington ha desplazado buques de guerra, cazas F-35, aeronaves de vigilancia y el gigantesco portaaviones USS Gerald R. Ford hacia el Caribe, reforzando su poderío militar cerca de Venezuela y Colombia.

Además, Estados Unidos ha retomado entrenamientos en la selva de Panamá algo que no ocurría desde hace dos décadas y reactivado ejercicios militares en Trinidad y Tobago para fortalecer operaciones conjuntas. En Ecuador, el Gobierno ha impulsado un referendo que podría permitir el regreso de bases militares extranjeras, una oportunidad que altos funcionarios estadounidenses ya han mostrado intención de aprovechar. Para los analistas, estos movimientos no solo buscan combatir el narcotráfico, sino reafirmar la hegemonía estadounidense en una región donde la presencia china ha crecido.

El trasfondo geopolítico es ineludible: expertos señalan que EE. UU. utiliza la narrativa antidrogas como un recurso político interno en tiempos de crisis por el fentanilo y externo, como mecanismo para justificar su reposicionamiento militar. La estrategia también envía un mensaje claro sobre Venezuela, avivando la percepción de que Washington apuesta por un cambio de régimen en Caracas.

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En conjunto, este nuevo despliegue revela una competencia más amplia por la influencia regional. Para América Latina, el reto será equilibrar su relación con las potencias sin comprometer su soberanía, mientras se define el verdadero alcance de la ofensiva estadounidense en la región.

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